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domingo, 22 de marzo de 2015

 EL COLOR PERFECTO

Por definición, la mayoría de las lentes son curvas. De hecho, su etimología indica que viene de la palabra lentis en latín, lenteja. Así una lente plana no es más que una ventana sin ninguna capacidad especial. O lo era hasta hace poco. Expertos de la Escuela de Ingeniería y de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Harvard han creado una completamente plana. Se trata de un sustrato de cristal y pequeñísimas antenas de silicio. Cuando la luz brilla sobre estas, se curva instantáneamente (en lugar de hacerlo de modo gradual, al pasar a través de la lente). El índice de la curvatura se puede programar por anticipado, mediante un algoritmo, para servir a cualquier propósito.
Con este ingenio se consigue algo sumamente complejo de lograr con una lente fina: la luz, en diferentes longitudes de onda (es decir en colores), responde de modo distinto según la superficie. Esto impedía utilizar ópticas planas para longitudes de onda muy amplias. Básicamente, si la lente era plana, no se podían registrar adecuadamente los colores. Las antenas de silicio curvan la luz mucho más rápido y programadas específicamente, permiten observar con mayor nitidez todos los colores.


Esta técnica cambiará por completo la tecnología de realidad virtual, el diseño de monitores, telescopios, lentes fotográficas y hasta lentillas. 


http://www.quo.es/ciencia/el-color-perfecto

domingo, 1 de marzo de 2015

La explicación de la ciencia para el vestido azul y negro o blanco y dorado

La explicación de la ciencia para el vestido azul y negro o blanco y dorado


La polémica del vestido azul y negro que algunas personas ven de color blanco y dorado (entre otras variantes) se convirtió este viernes en un fenómeno viral y en inspiración para cientos de miles de «tuits» y de teorías disparatadas. Resultaba sorprendente que un mismo vestido, a veces incluso en la misma pantalla, se viera de distintos colores. ¿Por qué ocurrió esto?
«Los colores en realidad no existen, son percepciones», explica Jordi Monés, médico oftalmólogo y retinólogo y director del Instituto de la Mácula y de la Retina. Es decir, que las cosas por sí solas no tienen un color. «El que las veamos de un color u otro depende de cómo sea nuestro detector (la retina) y de todo lo que nuestro cerebro haya aprendido a lo largo de la vida».
Según dice, «las personas tenemos tres tipos de fotorreceptores (células sensibles a la luz), capaces de captar los colores y que reciben el nombre de conos». Estos se concentran en la retina, una especie de pared sobre la que se proyectan las imágenes que llegan a través de la pupila y el cristalino, como si se tratara de una pantalla de cine. Pues bien, existe un sinfín de variaciones que pueden alterar la retina, como la edad, enfermedades genéticas como el daltonismo o la composición del líquito interno del ojo, que pueden cambiar la forma que tenemos de percibir esas imágenes.
Tal como explica Monés, todo el proceso «es un fenómeno totalmente cerebral y muy mediatizado por pequeños matices» que determinan que sea imposible que dos personas vean un mismo objeto de la misma forma. Más allá del vestido, el lector podrá comprobar en un ambiente bien iluminado que percibe el entorno de distinta forma abriendo primero el ojo izquierdo y luego solo el derecho, o después de haber estado a oscuras o deslumbrado por la luz del sol.

El engaño del brillo

Resulta también que el sistema visual es capaz de distinguir más matices entre los tonos claros. Esto podría arrojar pistas a por qué el famoso vestido es azul para unos y blanco para otros. Y es que la fotografía original está saturada de luz y cerca de un umbral en el que el brillo de la tela azul puede ser interpretado como blanco por parte de algunas personas, cosa que no ocurre con fotografías de calidad del mismo vestido.
Dejando a un lado los efectos de usar distintas pantallas o distintas combinaciones de brillo, los científicos pueden proporcionar más respuestas: «El sistema visual no está diseñado para realizar valoraciones absolutas, sino más bien para hacer comparaciones», escribe un grupo de científicos en «Fundamentos Biológicos de la Conducta». Según desarrollan más adelante, el contexto o el fondo que hay en una imagen influye en cómo percibimos los colores y las formas que vemos en el frente.
«Esto hace que para nosotros no sea la intensidad absoluta de la luz que proviene de un objeto lo que le haga parecer brillante u oscuro, sino que es la intensidad relativa de la luz viniendo del objeto en relación con el ambiente que le rodea lo que permite la percepción de ese objeto. Igualmente, el color que nosotros percibimos de un objeto depende mucho de los colores que le rodean».


Para terminar de esbozar la riqueza de los procesos relacionados con el sistema visual, también se ha descubierto que el no prestar atención a algo en concreto puede hacer que nos resulte invisible y que, al contrario, algo importante y a lo que le prestamos mucha atención, nos puede resultar más visible y rico en matices. En ese sentido, resulta comprensible que los inuit tengan 22 palabras diferentes para designar al color blanco.